Debería, tengo que, no lo soporto: las creencias irracionales que alimentan la ansiedad
Llegas diez minutos tarde a una reunión y la cabeza dice: "esto no debería estar pasando, es un desastre". El tránsito es un hecho neutro. La angustia que sientes no sale del hecho, sale de la frase que le pusiste al lado. Eso es una creencia irracional funcionando: una regla rígida que convierte una molestia común en una emergencia.
El modelo ABC
Albert Ellis, uno de los fundadores de la TCC, propuso un esquema simple. A es la situación activante (llegar tarde). B es la creencia que tienes sobre esa situación ("no debería pasar nunca"). C es la consecuencia emocional y conductual (angustia, tensión, ganas de cancelar todo). La mayoría cree que A causa C directamente. En realidad, B decide gran parte de la intensidad de C. Cambiar B cambia C, aunque A siga igual.
Las tres formas más comunes
- Exigencia rígida. Convertir una preferencia en una obligación absoluta. "Tengo que caerle bien a todos", en vez de "prefiero caerle bien".
- Baja tolerancia a la frustración. Evaluar un malestar real como si fuera insoportable. "No lo soporto", cuando en realidad sí lo estás soportando, solo que te incomoda.
- Autoevaluación global. Juzgar tu valor completo a partir de un solo evento. "Me equivoqué en esto, soy un desastre", en vez de "me equivoqué en esto".
Las tres tienen algo en común: toman un hecho puntual y lo estiran hasta una conclusión absoluta, sin que haya evidencia que la sostenga.
Cómo identificarlas y flexibilizarlas
- Escucha el verbo. "Debería", "tengo que", "no soporto" son señales de alerta, no diagnósticos de la situación.
- Reformula como preferencia. "Preferiría que no pasara, pero no es catastrófico que pase" baja la exigencia sin negar que la situación te molesta.
- Separa el hecho del juicio global. "Me equivoqué en esto" en vez de "soy un desastre". El primero describe un evento; el segundo condena a la persona entera.
Por qué vale la pena hacer este trabajo
Esto no es pensamiento positivo ni negar que algo te molesta. Es revisar si la regla que estás aplicando es lógica, tiene evidencia real y te sirve para algo. Las exigencias rígidas casi nunca cumplen las tres condiciones, y sostenerlas todos los días tiene un costo alto en ansiedad. Si notas que estas creencias aparecen seguido y te condicionan el día a día, trabajarlas con un profesional acelera el proceso y lo hace más sólido que intentarlo solo con fuerza de voluntad.